¿Qué debemos tener en cuenta a la hora de adquirir una pipa? Sobre gustos no hay nada escrito, pero hay una serie de factores que influyen a la hora de hacer la fumada más o menos placentera.

Huyamos de las pipas pequeñas, esas "quemalenguas" que podemos ver en muchos estancos. Nuestra futura pipa debe tener un recorrido del humo razonablemente largo para que pueda llegar fresco a la boca.

En primer lugar se puede inspeccionar el interior del hornillo. Es difícil que en una pipa de cierta calidad pueda verse irregularidades, nudos o resquebrajaduras, pero es bueno asegurarse. Esto es más difícil de saber en las pipas que vienen aculotadas de fábrica, es decir, con una capa de color casi negro que impregna todo el interior. En ese caso, si nos decidimos por una así, no queda más remedio que confiar en la buena suerte, el prestigio de la marca, o los dos. Comprobaremos también el orificio que viene del caño; debe quedar a ras del fondo del hornillo, ni más arriba ni más abajo. Si queda más arriba siempre quedará una porción de tabaco sin aprovechar, lo cual determina la imposibilidad de aculotar bien el fondo. Si queda demasiado bajo (por debajo del fondo del hornillo) es más fácil que se atasque continuamente. Se admite una cierta desviación del orificio en el plano horizontal, pero cuanta menos, mejor.



Rizando el rizo, se puede hacer otra prueba: introducirle una escobilla para comprobar que salga por el orificio del hornillo. Si es así, hemos topado con una pipa bien hecha. Que la escobilla pase sin dificultad significa dos cosas: que la pipa no presena obstáculos dentro que harán que se condense más humedad y que se podrá introducir bien el limpiapipas durante la fumada para retirar la humedad que se forme.

A continuación podemos comprobar el exterior de la cazoleta. Aunque el veteado suele considerarse una cuestión estética que no afecta a la fumada, hay una excepción en el caso de observar un veteado que denota que la pieza se ha elaborado a partir de una "branca". La branca es la zona de la raíz del brezo de la que parte ya el tallo. Da una veta muy apretada. Se revela mediante vetas muy finas que se asemejan a manojos de cabellos o bien pequeños nudos semejantes a los de la madera normal y pequeños puntitos, que corresponden a la fina veta cortada de través. La branca da como resultado una pipa de inferior calidad que es poco porosa (genera, por tanto, más humedad), se calienta más y soporta menos el calor, con lo que probablemente se quemará antes.

No debe tolerarse que haya masillazos en una pipa de calidad, al menos no demasiados ni demasiado grandes. ¿A qué obedecen estos masillazos? La raíz del brezo, en su crecimiento, está expuesta a numerosos agentes que pueden dejarle marcas: parásitos, pequeñas piedrecitas que se incrustan en la madera y quedan englobada en ella, enfermedades, etc. Esto hace que cuando el artesano (o la máquina que talla las pipas) topa con una de estas imperfecciones quede una picadura en la superficie. Estas picaduras se tapan con una masilla especial y se pule todo el conjunto.

Ciertas marcas en lugar de tapar con masilla estas imperfecciones lo que hacen es "arenar" las pipas, es decir, les dan un acabado rugoso proyectando arena contra la madera. Esto hace que las partes más blandas sean eliminadas y permanezcan las más duras, siguiendo el dibujo de la veta. Así se consiguen bellos acabados. Este proceso, en pipas de menor calidad que las citadas, puede hacerse imitando a máquina el acabado conseguido con la arena. También existen pipas a las que simplemente se les da un acabado rugoso ("rusticado"), sin relación con la forma que tenga la veta. No obstante pueden verse pipas rusticadas o arenadas que a pesar de todo presentan masilla.

Con el tinte y el encerado hay masillazos que quedan casi ocultos. Con el uso el brezo se va oscureciendo, no así la masilla. Puede ser que al cabo de poco tiempo se hagan visibles masillazos cuya existencia uno no descubrió en la tienda. De ahí la importancia de una buena inspección en la tienda.

Evítense las pipas barnizadas; el barniz no deja "respirar" la madera, con lo que padeceremos fumadas más calientes y húmedas. Desconfíese aún más de las pipas con un acabado opaco, lacado, que puede esconder cualquier cosa.

¿Qué forma de pipa elegir? Eso es casi una cuestión de gusto personal. Al principiante se le recomienda que sus primeras pipas sean rectas o semicurvas y de cazoleta no demasiado grande. Lo primero, porque facilita el poder introducir escobillas limpiapipas durante la fumada para eliminar el exceso de humedad, y también durante la limpieza normal; lo segundo porque una pipa demasiado grande, además de ser más pesada, puede aburrir y cansar al neófito si la llena toda. Todo esto es sólo orientativo, pero vale la pena tenerlo en cuenta.

La comodidad a la hora de sujetar la pipa en la boca o en la mano es otro punto que se debe tener en cuenta. Una forma de saber si una pipa va a ser cómoda cuando sólo la tengamos cogida con los dientes es sujetarla por el pisadientes con los dedos índice y pulgar (el índice doblado sobre sí mismo). Según la presión que su peso haga sobre el dedo índice, así será la que causará en nuestras mandíbulas. Comprobaremos que las pipas rectas ejercen más presión que las curvas. Esto se debe a la ley física de la palanca: a mayor brazo de palanca (como en el caso de las rectas) mayor presión. Como las muy curvas, por su bajo centro de gravedad, ejercen menos presión en los dientes, se recomiendan para fumar por la calle o para personas que acostumbren a tenerla mucho tiempo seguido en la boca sin otro apoyo.

La pipa también debe ser cómoda en la mano. Esto es fácil de comprobar en la tienda con sólo cogerla tal como la cogeríamos al fumar.

¿Cuántas pipas hay que tener? Mucha gente se sorprende al verte utilizar más de una pipa. Es cierto que una sola pipa cumple perfectamente el cometido, pero si se usa día tras día la misma lo que sucederá es que, además de "fatigar" el brezo no permitiremos que se seque debidamente. Los jugos de la combustión se irán acumulando y al final la pipa adoptará un sabor y un olor horribles. Y no digamos si el fumador desconoce la existencia del limpipipas (que los hay).

Se puede tener dos pipas para alternarlas, pero lo ideal es dejar descansar la pipa dos días por cada día de uso. Esto nos da entonces un mínimo recomendable de tres pipas. ¿El número máximo de pipas? No existe. Siete, una para cada día de la semana; diez, veinte... George Simenon, escritor francés autor de las novelas del inspector Maigret, tenía setenta. Al principio de cada día llenaba diez pipas y las colocaba sobre el escritorio. Luego las iba fumando por orden. Al final del día su mujer se encargaba de limpiarlas, ocupación que por lo visto le encantaba.

Hay quien tiene colecciones de docenas de pipas. En fin... Cuantas más, mejor.

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