El mantenimiento ocasional es el conjunto de cuidados que se da a la pipa cada cierto tiempo.

Descostrado o escariado: consiste en rebajar la capa de carbón del interior del hornillo. Como ya hemos dicho, esa capa de carbón es muy necesaria para la salud de la pipa: protege la madera del calor y absorbe jugos. Pero su grosor no debe pasar de dos o tres milímetros. Con un escariador o con un cuchillo de punta redondeada eliminaremos la costra sobrante hasta reducirla a uno o dos milímetros. Si una pipa no se descostra cada vez admitirá menos cantidad de tabaco y éste se quemará peor, pues el hornillo se habrá convertido en una especie de chimenea estrecha mal oxigenada. Además, el brezo y la capa de carbón tienen comportamientos diferentes en cuanto a las dilataciones y las contracciones provocadas por el calentamiento. La capa de carbón se contrae antes que la madera, lo que puede provocar que, si es excesivamente gruesa, tire de la madera y la raje. Es un accidente poco frecuente, pero que se da.



Pulido de la cazoleta: existen líquidos especiales para cazoletas y para boquillas que venden en los establecimientos especializados. Basta una aplicación de vez en cuando para que la pipa conserve bastante bien su brillo original. La única pega es que son productos caros, si bien duran mucho tiempo, pues se utiliza poca cantidad muy de cuando en cuando. Además, no siempre se encuentran, aunque siempre están disponibles por Internet. Se puede devolver a una pipa muy usada su brillo usando también cera de carnaúba, que se extrae de una palma brasileña. Es muy dura y da un brillo cristalino. Es el tipo de cera que traen de fábrica las buenas pipas. Cuando se quiera dar una mano de cera a una pipa gastada por el uso lo mejor es lijarla entera con lija muy fina, de las llamadas "de agua", y después con lana de acero de la gradación más fina. La graduada como "0000" va muy bien. Con ello eliminaremos rozaduras y restos de cera antigua (o barniz). Si fuera necesario se puede aplicar con pincel un tinte al alcohol, de venta en tiendas de manualidades en todos los tonos. Además se seca con mucha rapidez.

Para aplicar la cera de carnaúba, lo mejor que he experimentado es utilizar un disco de fieltro adaptable al taladro que cualquiera puede tener en casa. Para ello es necesario tener un soporte horizontal para taladro. Todo ello se adquiere en cualquier ferretería.

La cera de carnaúba suele venderse en escamas. En una lata vacía de tabaco se echa la cantidad suficiente y se pone a fuego no muy fuerte. Se le puede añadir algo de trementina pura para que se disuelva mejor, pero ¡cuidado con los vapores que desprende! La cera de carnaúba funde bien y no es necesario achicharrarla. Cuando esté fundida, se aparta y se deja enfriar varias horas. Una vez fría es muy dura. Se acerca la lata al disco de fieltro, con el taladro en funcionamiento, y se deja que se impregne bien. Recomiendo usar mascarilla y grafas protectoras, porque suelta un polvillo muy fino. Después se acerca la cazoleta al disco y se reparte la cera uniformemente. El cambio que da es espectacular. Si se repite el proceso al día siguiente, mejor que mejor. No se debe dar una capa gruesa, pues se evita con ello que el brezo respire.

Pulido de las boquillas: Hoy en día se hacen boquillas de metacrilato, que es muy duradero y resistente, pero hasta hace relativamente poco el material empleado casi exclusivamente era la ebonita, básicamente un caucho vulcanizado con azufre. Además, la ebonita es más cómoda en la boca que el metacrilato. Pero, de nuevo, sobre gustos no hay nada escrito. La luz natural y la de fluorescente hacen que la ebonita se oxide y tome un color amarillento o verdoso, y sabor y olor a azufre. Eso nos indica que ha llegado el momento de proceder al pulido de la boquilla. Recordemos que existen líquidos especiales para limpiar las boquillas que, usados frecuentemente, evitan que lleguen a oxidarse.

La oxidación leve se quita con pasta de dientes. Se frota, se deja actuar y se aclara con agua. A continuación se debe secar con un paño, pues el agua acentúa la oxidación de la ebonita.

La oxidación más profunda se elimina lijando. No hay que tener miedo. Se toma lija "de agua" muy fina y se lija toda la superficie. Hay que ensañarse con las marcas de dientes hasta hacerlas desaparecer. Si se usan lijas de distintos granos, de más gruesos a más finos, mejor. A continuación se vuelve a lijar con lana de acero, como la descrita para las cazoletas. Con ello se eliminan las rayas que haya dejado la lija. En ese punto toda la boquilla tendrá un aspecto tosco y puede que algo amarillento, pero no hay que asustarse. Después de limpiar todo el polvillo del lijado, se pulirá con un pulimento especial para coches sin siliconas. Esto es importante, pues la silicona deja restos gomosos muy molestos. Yo tengo un bote de este producto comprado en la sección de automóviles de un supermercado. Con algodón se frota con mucha paciencia toda la boquilla, se deja secar el producto y luego se abrillanta con un paño. El resultado es una boquilla como nueva. Si con todo esto no se alcanza el resultado apetecido, pues nuevo lijado y nuevo pulido.

Puede suceder que al lijar la boquilla quede un escalón entre esta y el caño de la pipa. Para evitarlo se hace aconsejable lijar como un todo la boquilla y la cazoleta, aprovechando así para hacer una "restauración" completa.

Limpieza en profundidad del caño y de la boquilla: de vez en cuando es bueno pasar limpiapipas impregnados con alcohol por el interior del caño y la boquilla. Así se eliminarán las incrustaciones de nicotina y otros restos, y se mantendrá la pipa en buena forma. Muy adecuadas son para esto las escobillas abrasivas, que a pesar de su nombre tan "agresivo", no son más que limpiapipas con cerdas de material plástico, más adecuadas para tareas de "deshollinado". La nicotina es un alcaloide que se disuelve bien en agua, pero mejor aún en aceites y en alcohol. Por ello, si impregnamos las escobillas con alcohol, tanto más profunda será la limpieza. Además el alcohol arrastra también los alquitranes adheridos.
Cuando una pipa adquiere mal sabor (lo cual no debería suceder con una pipa bien cuidada), existe un método para eliminarlo, denominado "de la sal". Primero debe rebajarse la capa de carbón tal como se ha descrito más arriba. Luego se desmonta la pipa y se llena con sal fina la cazoleta y el caño. A continuación se empapa la sal con alcohol, gota a gota, y se deja un par de días. Veremos cómo la sal va tomando un color marrón-amarillento. Ello se debe a que el alcohol disuelve la nicotina y otros restos y la sal la absorbe. Pasados los dos días se quita con cuidado la sal y se deja que la pipa se seque por completo. El mal sabor habrá desaparecido.

Llegado este punto uno puede, legítimamente, preguntarse: "¿Es necesaria tanta historia para fumar en pipa? ¿Todo el que lo hace, se mete en estos berenjenales?". La respuesta es: "No, ni mucho menos". Pero un pipafumador que no cuida su pipa está lejos de ser un buen pipafumador. He comprado pipas viejas (más adelante hablaré de ello), unas tres o cuatro, y sin excepción estaban completamente atascadas por la suciedad. Me costó alrededor de veinte escobillas, o más, limpiar cada una. Puedo afirmar que sus anteriores dueños desconocían por completo la existencia de las escobillas. No creo que pueda disfrutarse de una buena pipa si está obstruída, rayada, sucia, maloliente, etcétera. Por otra parte, toda la sección de restauraciones, lijados, etc., se aplica a pipas de segunda mano, baratillas o muy estropeadas. Ni por asomo se me ocurre meterle lija a una pipa cara y estupenda por el mero hecho de que la boquilla empiece a amarillear...

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