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Un Poco de Historia del Tabaco
(Segunda parte)
por Alvaro y Gustavo Moreno Montes de Oca
Queridos pipafumadores, regresamos, esperamos que tomen un poco de tabaco, fósforos largos de madera –para tan pocas páginas uno basta-, la pipa favorita de nuestras horas de relajación y placer, y comenzamos a cabalgar por la historia. No olviden cargar la pipa en tres etapas: tercio inferior poco condensado (cámara de combustión), un tercio medio algo mas denso y por último el tercio final mas condensado, ojo, antes de prender cotejemos el tiraje, si no, a desarmar y cargar nuevamente, los placeres se disfrutan con tiempo.
Recordemos a nuestro benefactor Rodrigo de Xeres el vigía de Cristóbal Colón que regresó con la noticia de los hombre chimenea, Rodrigo atrapó el vicio y fue atrapado por éste en menos tiempo, recordemos como de vuelta en España, en su Ayamonte natal, su mujer lo sorprendió fumando en su habitación: su único vicio pero un vicio oculto, y sumado a sus exhibiciones de fumadas, ella devota y máxime en la Edad Media, pensó que Rodrigo había hecho un pacto con el Diablo y salió corriendo a denunciarlo al Santo Oficio de la Inquisición.
Pasamos ahora a Francia, donde vivía gente más tolerante, a pesar de estar sometidos a una reina cruel, Catalina de Medici, tan despiadada y fanática como la Inquisición, ella sola; el tabaco prosperó de todas maneras. Catalina de Medici tenía a un buen hombre como embajador en Portugal, Juan Nicot, lingüista y compilador del mejor diccionario francés de la época. El embajador Nicot envió a su reina algunas semillas (tabac de l’Amérique) para que fueran plantadas, cultivadas y las hojas usadas –un polvo potente- como medicina para gárgaras y como vomitivo. Recomendó el tabaco como particularmente bueno para inhalaciones y como dentífrico –acotación, damos fe de que no como entendidos en la materia-. Nicot llamó al tabaco la Planta Sagrada. Pero en Francia se la denominó la Hierba de la Reina. A cambio, el tabaco lo recompensó a él: a Jean Nicot no se le conoce hoy como filólogo de genio, sino como el hombre que dio el nombre científico a la planta de tabaco, “Nicotiana tabacum”, y a la nicotina, el alcaloide que aporta al tabaco su valor como droga. Es también aquello que te ensucia los dedos y los dientes cuando fumas –por suerte para el bolsillo de los odontólogos-.
Como un último homenaje a Jean Nicot, en 1961 se fundó en Francia la “Confrerie de Juan Nicot”, hermandad llamada la “Académie de fumeurs et d’amis du tabac”. Esta academia de fumadores está compuesta de ochocientos amigos del tabaco, dividida en dieciséis secciones regionales. La ironía de todo ello reside en que no existe ninguna prueba de que Nicot fumara, oliera o mascara tabaco.
Nos despedimos hasta otra bocanada de humeante historia.
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