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Un Poco de Historia del Tabaco
(cuarta parte)
por Alvaro y Gustavo Moreno Montes de Oca
Continuando con nuestros relatos sobre tabacos -y no sin tener uno a mano para compartirlo con Gustavo y pipas mediante no ver el monitor por el humo-, seguimos los pasos de la noble hoja por la historia. Como fuimos viendo el tabaco fue encontrado por primera vez por los navegantes europeos en el Nuevo Mundo, en el Caribe, en una isla cuyos nativos denominaban Cuba. Pero ¿qué pasa con su nombre, tan poco arábigo? Gonzalo Fernández de Oviedo en su Historia General y Natural de las Indias, publicada en 1526, comenta, con una indignación moral que hoy en día no parecería pasada de moda: (de su original en Español antiguo) "Usaban los indios desta isla, entre otros sus vicios, uno muy malo, que es tomar unas ahumadas, que ellos llaman tabaco, para salir de sentido… La cual toman de aquesta manera: los caciques e hombre principales tenían unos palillos huecos, del tamaño de un jeme o menos, de la grosera del dedo menor de la mano, y estos cañutos tenían dos cañones respondientes a uno, como aquí está pintado -(presenta una figura en forma de Y)-, e todo en una pieza. Y los dos ponían en las ventanas de las narices, e el otro en el humo y herba que estaba ardiendo o quemándose; y estaban muy lisos e bien labrados. Y quemaban las hojas de aquella hierba arrebujadas o envueltas de la manera que los pajes cortesanos suelen echar sus ahumadas; e tomaban el aliento e humo para sí, una e dos e tres e más veces, cuanto lo podía porfiar, hasta que se quedaban sin sentido grande espacio, tendidos en tierra, beodos o adormidos de un grave e muy pesado sueño. Los indios que no alcanzaban aquellos palillos, tomaban aquel humo con unos cálamos o cañuelas de carrizos, e a aquel tal instrumento con que toman el humo, o a las cañuelas que es dicho, llaman los indios tabaco, e no a la hierba o sueño que les toman". Oviedo se contradice al decir lo que el tabaco es exactamente, caña u hoja, pero acaba comentando algo que merece nuestra atención: "Esta hierba tenían los indios por cosa muy preciada, y la criaban en sus huertos e labranzas, para el efecto que es dicho". Oviedo es el primer europeo en dejar por escrito que el tabaco se cultivaba. Más aún, había visto a los indios fumar, no en Cuba sino en La Española. Otros los habían visto en Trinidad y en su gemela, la pequeña isla que hoy llamamos Tobago. Más aún incluso: Oviedo había acertado al ver lo que pasó inadvertido al gran navegante Genovés, Cristóbal Colón: el valor y el precio del tabaco. Cortés, un verdadero conquistador, conoció a los Mayas que fumaban en pipa -acotamos que tenemos el placer de tener una pipa Maya- y a los Aztecas que aspiraban el tabaco. Viajeros y navegantes portugueses encontraron indios que fumaban en Brasil y las regiones amazónicas, aunque es aquí donde el humo del tabaco se hace tenue, para desaparecer mas al sur finalmente derrotado por la Yerba mate. En Colombia y en Perú, los indios se inspiraban con coca. Jacques Cartier, el navegante francés, vio a indios fumar en Canadá por 1535. Las pipas de los sioux, los cheyennes y otras tribus extendidas durante los siglos XVIII y XIX por lo que es hoy los Estados Unidos eran un signo de paz, como ahora sabemos que eran señales de humo de los apaches belicosos. Nos despedimos hasta otra bocanada de humeante historia.
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